miércoles, 5 de julio de 2017

1.6 China El gigante despierta: modernización, demografía, economía y política en el siglo XX

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Los puntos fuertes de China son numerosos: Su economía tiene desde hace bastante tiempo, uno de los crecimientos anuales más grandes del mundo. Y por otra parte, es también el país más poblado del planeta y el tercero más grande en superficie. También dicha nación tiene las fuerzas armadas más importante del mundo, y dispone de armas nucleares. Además China es uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que refuerza su influencia diplomática en el mundo.
China hasta no hace tanto, era la tercera potencia económica mundial, pero actualmente ocupa la segunda posición, habiendo apartado a Japón (que ahora ocupa el tercer puesto).
Y según el Banco mundial, entre el año 2020 y el año 2030 China bien podría ser la primera potencia económica del planeta (superando así a Estados Unidos).
Igualmente y desde el año 2003, China es también una potencia espacial, y en ese campo incluso ya logró enviar a un hombre al espacio exterior.
Y por otra parte, China ya se integró a numerosas organizaciones internacionales de las que estaba excluido, como por ejemplo la Organización Mundial de Comercio -OMC- (desde el 1 de enero de 2002) y la Organización de Cooperación de Shanghái, entre varias otras.
Más allá de su pujante potencial demográfico, económico, político, y militar, China indiscutiblemente también se apoya en su cultura, rica, antigua, y extendida por buena parte del Sudeste Asiático (su zona natural de influencia). Indiscutiblemente China tiene cinco mil años de interesante y trascendente historia, y el chino-mandarín es hoy día la lengua más hablada en el mundo, ya que dicha comunidad lingüística tiene más de mil millones de hablantes.
Sin embargo, China también presenta cierto número de importantes debilidades, que le podrían retrasar en su ambición de constituirse en la potencia hegemónica por excelencia.
En efecto, el país ciertamente presenta importantes riesgos de explosión social, ligados particularmente a las notorias desigualdades entre las regiones costeras y las ciudades importantes, frente a las zonas rurales campesinas mucho más relegadas. Y a pesar de lo que afiman o de lo que desearían los dirigentes chinos, los ochocientos millones de agricultores que cuenta el país, no dejan otra opción que considerar a China como un país en vías de desarrollo.
Las tensiones que nacen de esta situación, sin duda son de difícil manejo, y están exacerbadas por las desigualdades sociales, así como también por los bolsones de corrupción que fundamentalmente afectan al funcionariado, y a una parte del sistema político.
Por otra parte, el país es por el momento bastante dependiente del exterior, tanto en relación a sus exportaciones, como en lo referido a sus importaciones (especialmente en cuanto a tecnología y a patentes).
En fin, los aprovisionamientos energéticos y de alimentos que el país imprescindiblemente necesita, y las repercusiones sobre el medio ambiente derivadas del acelerado crecimiento de esa nación asiática, por cierto son también fuente de problemas.


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